Volver a estudiar…. volver a la universidad siendo «grande»

Ajaaaa.
Año nuevo, metas nuevas… pero a una edad distinta.
Una edad en la que las metas profesionales aveces se piensan mas y pesan y presionan más y, muchas veces, se viven por esa razón hay menos disfrute y más afán por “terminarlas” por eso, he decidido contarles que me tomó cinco años reconciliarme con una pregunta muy simple, pero muy poderosa:
¿qué quiero estudiar y por qué quiero hacerlo?

Este blog es muy especial porque es mi oportunidad de contarte el antes de esta nueva aventura.Pero también es una invitación honesta: a retomar esas metas o sueños pendientes desde la reconciliación, la intención y un propósito mucho más claro.

Ahora sí, les cuento.

El sueño de la maestría

Desde que llegué a la ciudad de New York, yo quería hacer una maestría.
Rápidamente entendí que podía ser un boleto para un mejor trabajo, más reconocimiento y, por supuesto, para entender mejor el idioma y el sistema.

La primera maestría que tuve en mente fue la Maestría en periodismo bilingüe en CUNY.Fui a varias reuniones, info sessions, escuché todo… pero me detuve. Ya había estudiado comunicación y no estaba segura de si eso era realmente lo que quería.

Así que empecé por algo más corto:
mi primer certificado fue en Project Management en Baruch College.

Ahí me enamoré.
De la universidad, del campus, del ambiente académico.
Y fue entonces cuando apliqué a la maestría en Relaciones Internacionales o Master international affairs

Cuando me aceptaron en 2019, fui inmensamente feliz.
Lo celebré con mi familia. Para mí era un “¡wow, lo logré!”.
Tenía ahorros, tomé una decisión arriesgada y dejé mi trabajo para empezar ese primer semestre con toda la energía.

Fui a mi primera orientación…
y dos semanas antes de empezar clases, recibí una llamada.

Estaba en Naciones Unidas, en un summit juvenil, cuando me dijeron:
“Tu papá tuvo un derrame y perdió la memoria”.

Recuerdo ese momento y todavía siento el golpe en el pecho.

Esa misma noche compré un pasaje.
Al día siguiente estaba llegando a Cali, a la Clínica Valle del Lili.

Fueron de los días más duros de mi vida.
Solo pensaba: mi papá no se puede morir. y gracias a Dios no se murio, ni perdio la memoria , ese es otro cuento que un día si quieren les cuento.

Cuando su condición mejoró, empezó un largo proceso de terapias.
Yo no tenía trabajo.
Y los ahorros que eran para la universidad… se fueron.

Volví a New York, trabajé en el US Open, regresé otra vez a Cali por más de un mes.
Le escribí a la universidad y me dieron la opción de empezar en primavera de 2020.

“Ok”, pensé. Todo se va a acomodar.

Spoiler: no fue así.

2020: estudiar en medio del caos

¿Se acuerdan del 2020?
Ese año raro, duro, malvado… y lleno de aprendizajes.

Empecé el semestre emocionada.
Hice mis primeros tres amigos:
una amiga de Italia, un amigo de Irán (Raj) y una neoyorquina.

Clases, trabajos en grupo, lecturas fascinantes sobre historia y relaciones políticas entre países.
Llegaba a casa a estudiar y a contarle todo a mi novio —mi esposo hoy—.

Yo estaba feliz.

Hasta que, en la primera semana de finales, empezaron los rumores:
todo se iba a cerrar, las clases serían online, no volveríamos al campus.

Terminamos ese semestre con dificultad, pero lo logramos.
Y oficialmente entramos en pandemia.

Ya no tenía ahorros.
Empecé a buscar trabajo.
Pensé incluso en irme al Army.
Estaba agotada.

Mi familia sufrió mucho en salud y emocionalmente.
Económicamente fue uno de los años más difíciles de mi vida.

Y empecé a preguntarme:
¿por qué sigo estudiando?
¿qué quiero probar?
¿qué me asegura esto?

En el segundo semestre terminé presentando solo dos materias y cancelé las otras dos.
Empecé a trabajar como directora de educación en una non-profit.
Trabajaba de 9 a 5 (y muchas veces más), y luego prendía el computador otra vez para estudiar.

Todo el día frente a una pantalla.

Un día dije: no más.
No voy a seguir así.
Volveré a estudiar cuando quiera.

La culpa, la pausa y las preguntas

Pero no me sentí bien.
Me sentí como si hubiera fallado.

Durante años pensé en retomar, pero siempre con las mismas preguntas rondándome la cabeza:
¿por qué quiero estudiar?, ¿qué quiero estudiar?, ¿para qué?

Aprendí muchísimo sobre maestrías.
Fui a ferias, recorrí campus, asistí a info sessions —a todo—.

En 2023 me aceptaron en una maestría en Comunicación Estratégica.
Y aun así… no estaba segura.

Volví a pausar.

Porque entendí algo clave:
no quería estudiar por presión, ni por edad, ni por el miedo a que “el tiempo pasara”.


Estudiar sin prisa, pero con intención

Me tomé un año entero de planeación.
Quería una maestría flexible, pero que me devolviera algo que extrañaba mucho:
el campus, las clases en persona, el contacto con profesores, el 1:1, la experiencia universitaria real.

Fui a tres info sessions.
Pregunté todo: pros, contras, costos, tiempos.
Y un día dije:

No tengo prisa.

Voy a empezar a los 37 años.
Si la termino a los 50, está bien.
Quiero aprender.
Quiero disfrutarla.

Porque esta vez no estudio para correr.
Estudio con intensión


Si llegaste hasta aquí, gracias 🤍
En la Parte II te voy a contar sobre la aplicación, la maestría que elegí y por qué, finalmente, esta decisión se siente distinta.

Y dime en los comentarios:
¿qué Maestría crees que voy a estudiar ?

Nos vemos en la Parte II ✨

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